Mario Hiriart, Ingeniero Civil PUC


Pequeña Biografía

por Padre Joaquín Alliende

Nació en Santiago de Chile el 23 de julio de 1931 en una familia con principios éticos y de afectuosa armonía, pero no religiosa. Su abuela materna, una tía inválida y su “nana” Teresa le comunicaron la fe y le enseñaron a rezar. Estudió en el colegio de los Hermanos Maristas de Santiago, donde se destacó como buen alumno. En los últimos años de estudio integró un grupo juvenil de Acción Católica, donde comenzó a crecer hacia un catolicismo más activo.

El año que comenzaba sus estudios universitarios en la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile, impulsado por el capellán de su colegio, formó con algunos amigos el primer grupo de jóvenes del movimiento de Schoenstatt de la capital. Pudo conocer a su fundador, el padre José Kentenich en esos años fundacionales y éste llegó a ser su maestro en el camino de fidelidad al Señor, de amor a la Iglesia y a la Santísima Virgen. Su amor a María lo hizo profundizar su relación con Cristo en la Eucaristía, y encenderse en su entrega por los demás, siendo un brillante estudiante de ingeniería que mereció, al final de su carrera, el premio al mejor alumno de su promoción.

Comprendiendo con dolor que el camino del matrimonio no era para él y estando seguro en un buen puesto en la Corporación de Fomento de la Producción, decidió seguir el llamado del Señor a ser un santo laico; a dedicarse exclusivamente a servirlo, pero siendo un hombre más en medio del mundo, haciendo lo ordinario extraordinariamente. Con este fin partió a Sta. María, Brasil, a hacer su noviciado en el Instituto Secular de los Hermanos de María. Allí sirvió a jóvenes obreros en una escuela técnica y viajó por Londrina, Sao Paulo, Porto Alegre, Montevideo, Buenos Aires, Córdoba y Mendoza alentando a muchos jóvenes y matrimonios a decidirse por vivir radicalmente su fe; a comprometerse en la construcción de un ordenamiento cristiano de la sociedad y en el servicio público.

Tras su regreso a Chile, comenzó a hacer clases en la escuela de ingeniería de la Universidad Católica. Creó un banco de libros para facilitar su adquisición a los estudiantes más necesitados y allí fue para muchos un ejemplo, un maestro y un amigo.

A Mario Hiriart se le recuerda por su sonrisa; hombre culto, le gustaba la poesía, la música y el canto. Tocaba guitarra y tenía un especial gozo en la contemplación de la naturaleza.

El Espíritu Santo lo condujo a una plenitud de la vida cristiana según el ideal que él mismo había asumido: ser “como María, Caliz vivo, Portador de Cristo”.

Conoció el sufrimiento y la soledad. Su mala salud lo martirizaba con permanentes achaques, hasta que un cáncer oculto acabó por minar totalmente su físico.

Murió en Milwaukee, Estados Unidos, el 15 de julio de 1964 y sus restos descansan tras el santuario de Schoenstatt en Bellavista, La Florida, Santiago de Chile.

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